lunes, 30 de diciembre de 2013

Se metía los dedos en la garganta, para echar las mariposas que le había metido en el estómago.

Una mirada, una mariposa. Una caricia, otra mariposa. "Me encantas", ya van tres. Y no se daba cuenta de que su estómago se estaba llenando. "Buenos días preciosa", y ya van diez. Solo miraba el reloj para contar las horas que faltaban para verse, lo miraba tanto que no contaba las mariposas que faltaban para llenarse. La coge de la mano, hacen veinte. Esa canción ¿45? Espera un momento..¿Cuantas van ya?, Ha perdido la cuenta, pero ¿Que puede pasar?, Solo son mariposas. La besa, se mueven; baja al cuello, vuelan; la abraza por detrás, ¡RUGEN!. Mariposas. Pequeños hormigueos en el estómago que la recuerdan que está viva, que siente. Pero no puede moverlas, ya no. Ya no hay besos, ya no hay abrazos, ya no hay caricias. Tienen hambre ¡Parad!, se quejan, ¡parad! ¿No veis que se ha ido? No puedo daros vida, la mía ya no está. Y así acabó, metiéndose los dedos en la garganta, para echar esas mariposas que le habían metido en el estómago.

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