domingo, 29 de diciembre de 2013

Tic,tac.

La noche se hace una verdadera pesadilla. Estar atrapada sin poder salir. Es estar en silencio, físico. Porque las voces de tu cabeza no se callan. Son monstruos disfrazados de Pepito Grillo, que por más que gritas que se callen no lo hacen, aparentemente conciencia realmente destrucción, conciencia destructiva. Agonía. Quieres dormir pero no te dejan. Caprichosas. Dejadme gritar. Dejadme llorar. Pero no sale nada. Silencio. Tic, tac. Ni una mínima muestra de vida mas que un intercambio de oxido y dióxido de carbono con el aire que me acompaña.
Cuatro paredes. Seis y media de la mañana. Oscuridad. Noche. Soledad. No puedes correr, no puedes saltar (o si), no puedes gritar (por fuera). Y el tiempo no pasa. Tic, tac, tic, tac. Manecillas de mi reloj cerebral que lo único que hacen es despertar a lo que llevo dentro, pero el tiempo sigue sin pasar. Es un limbo. Desesperación porque lo único que puedes hacer ahora es seguir entre estas cuatro paredes que cada vez se acercan más. Oprimen. Falta el aire. No, no falta. Hay aire de sobra incompatible con mis pulmones. Las voces no se callan y yo sigo a oscuras. Tic, tac. Gritando por dentro sin que nadie me escuche. Pidiendo ayuda sin que nadie venga. Sin poder salir.
Hace frío, mucho frío. Y por más que pongo mantas y mantas sigo teniendo frío. Por dentro, por dentro tengo frío.
Y lo peor de esta pesadilla, lo peor, es que luego viene el día.

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